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TARDE DE SATAY EN MALACCA

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Hace ya un par de días que llegué a Malacca, al sur del país. Esta ciudad, como Penang, fue un importante puerto comercial, dominado por portugueses, holandeses e ingleses sucesivamente. Ellos, junto a los habitantes malayos, los nonyas, y los trabajadores tamiles construyeron el alma mestiza de esta ciudad.

Cosas de historia. Ahora es un lugar tan turístico que se ha convertido en un fake

Ya estoy en la recta final del viaje, así que estoy redoblando esfuerzos, sin parar de buscar comida, hacer fotos y tomar notas. Ayer hice un curso de cocina Nonya. Los nonya son los descendientes de los matrimonios formados entre emigrantes chinos y mujeres malayas. Su cocina es una increíble  mezcla entre ambas. Cocinamos «ayam pongteh«, un guiso de pollo con setas siitake, y «nanas udang» un curry muy rico de gambones con piña. El caso es que la profesora y yo charlamos mucho sobre las cocinas de Malacca, y congeniamos bien. Al terminar la clase me propuso ir al día siguiente a probar algunas cosas por los puestos callejeros.

Pero desgraciadamente hoy no pudo acudir a la cita. Así que mientras volvía al barrio donde está mi hotel iba pensando en algún lugar donde comer. Primero pasé por un viejo restaurante donde sirven «kee bak» un guiso medicinal de costillas de cerdo hervidas en té… Muy chino y muy rico. Mala suerte porque el local estaba cerrando cuando llegué. Los cocineros estaban fuera. Les pregunte por el plato, se sorprendieron de que lo conociera y decidieron entre risas que mi madre era china y mi padre español. Después tuvimos una acalorada discusión Madrid-Barça… Enfín… volveré mañana.

Luego me acordé de un kopitiam que sirve «satay» y allí fui. El «satay» es el equivalente malayo de nuestro pinchos morunos. Es tremendamente popular por toda la región, especialmente en Malasia e Indonesia. En ambos países es algo entre una religión y un deporte nacional. Por todas partes se ven puestos de pinchos sobre brasas echando humo.

Se piensa que fueron los indios quienes trajeron al sudeste de Asia la idea de asar trozos de carne ensartados en un palo de bambú. Quizá, aunque no creo que exista idea más antigua que esa… Hay otras teorías que sugieren que la inspiración llegó de China, y que la palabra satay proviene de la expresión «sa tae bak«, es decir «tres trozos de carne«… El caso es que los musulmanes preparan sus brochetas con cabra, pollo, cordero, pescado… todo «halal«, mientras que los chinos suelen usar cerdo, el llamado «satay babi«.

El kopitiam al que fui está regentado por chinos. Comedores de cerdo. El dueño renta porciones del local a otros vendedores. Los propietarios, además de los alquileres, manejan el puesto de bebidas que funciona todo el día. Suelo ir cada mañana a tomarme un café con hielo, y puedo aseguraros  que la mujer que despacha tiene el peor carácter del mundo. !Que mal genio¡

El caso es que por las tardes una pareja de chicos jóvenes instala el puesto de satay. Solo abren de 1 a 5. Tiempo más que suficiente para que agoten completamente las existencias. En los 20 minutos que estuve allí la riada de clientes fue tan constante que el muchacho no paró de abanicar las brasas y asar pinchos, mientras ella servía una mesa tras otra. Venden un «set» de 10 pinchos por 10 RM, unos 2€. Los acompañan de una salsa de cacahuete espesa y dulzona y de trozos de pepino. A la salsa le añaden un buen chorreón de aceite de guindillas para darle un punto de fuerza. Como extra tienen «ketupat«, unos pasteles de arroz hervido envueltos en hojas de palmera. Es ese trenzado de paja tan bonito que veis en la foto. Originariamente era comida de campesinos o pescadores, pensado para que pudieran llevar arroz ya cocinado en sus días de trabajo.

Entiendo a los parroquianos. La carne estaba tierna y deliciosa, entreverada por pedacitos de grasa, y marinada con la cantidad justa de cúrcuma, especias y leche de coco. Esos pinchos de los que podrías comerte 20 en una sentada… La salsa estaba demasiado dulce para mi gusto, pero con el punch del aceite picante también estaba muy rica.

Lo pasé muy bien comiendo las brochetas y bebiendo un té de crisantemo con hielo. En un momento dado me llegó ese sabor a comino tan particular de los pinchos del sur de España. Y de repente volé a los que de niño preparaba mi madre. Así que entorné los ojos y me dejé llevar por el recuerdo. Ummmmmmmmmh…

Si os pasáis por Malacca podéis comer satay en el kopitiam que hace esquina entre Jalan Kampung Kuli con Lorong Hang Jebat.

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